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Tuesday, July 04, 2006
Daniel Johnston

Una
obsesión no temporal



La creación
artística surge de la dificultad de adaptarse al mundo real. Sí, es posible que
los creadores, sobre todo los músicos, persigan fama, dinero y estatus, pero en
el fondo de la más pura expresión artística está la imposibilidad de
relacionarse con normalidad con el mundo exterior. Así lo sentía Kurt Cobain y,
por eso, le dolía ver su arte pervertido y convertido en vehículo de cosas que
le resultaban ajenas. Tal vez por eso adoraba a Daniel Johnston.


Los músicos aprecian en él una pureza especial. Es un artista de culto al
que bandas ilustradas e influyentes como los norteamericanos Yo La Tengo o los
escoceses The Pastels rinden tributo con sus versiones. Pero lo que de verdad
resulta curioso es ver quién es este Daniel Johnston. Desde su entorno se le ha
definido como artista, cantante y compositor, peregrino de la música ?indie? con
veintiséis álbumes, cientos de canciones y miles de fans. Es cierto que dibuja y
graba canciones de manera compulsiva y que, técnicamente, no es nada del otro
mundo (de hecho, queda muy lejos de sus iconos: The Beatles y el Capitán
América). Sin embargo, hay una transparencia en este eterno adolescente, una
inocencia y una pueril universalidad en sus temas (el amor) que lo hacen
conmovedor. No es cutre. Es... puro.



Su historia arranca en 1961 en el seno de una familia de cristianos
fundamentalistas. El más joven de cinco hermanos, desde muy niño le costó
encontrar su sitio lejos de la música y los tebeos. No sabía dibujar ni cantar
pero le daba igual, pasaría su vida haciendo ambas cosas: dibujando sus
particulares criaturas, tocando el piano, o el teclado de juguete de su sobrino
cuando se mudó a casa de su hermano, o incluso una guitarra cuando se trasladó a
Austin (Texas) y cantando con su peculiar falsete desafinado y su indisimulable
ceceo (en sus primeras grabaciones se puede oír al fondo las voces de su madre
protestando).



Su popularidad le llegó precisamente en Austin, donde regalaba sus cintas por la
calle. Cuando la MTV desembarcó en 1986 para retratar la escena musical de la
ciudad, todos los músicos locales mencionaron a Daniel Johnston, que fue
invitado a actuar en el programa. Después se reeditaron en vinilo algunas de sus
viejas cintas caseras (Continued Story/Hi, How Are You y Yip/Jump Music) y llegó
incluso a grabar un par de álbumes en Nueva York para el sello independiente
Shimmydisc (1990 en 1990 y Artistic Vice en 1991). En 1992, Kurt Cobain apareció
en los premios MTV con una camiseta de Daniel Johnston. El sello Elektra quiso
fichar inmediatamente a ese tal Daniel del que tanto hablaba el líder de Nirvana
pero, al final, fue otra multinacional la que logró el trato: Atlantic. La
relación duró un álbum: Fun, de 1994.




Y es que, al parecer, no resulta fácil tratar con él en términos comerciales.
Daniel Johnston tiene serios problemas mentales y su vida adulta ha estado
jalonada por numerosas depresiones. De hecho, ha pasado una buena parte de su
tiempo en hospitales psiquiátricos. Precisamente, su primer internamiento tuvo
lugar la misma noche de su aparición en el especial de la MTV. También se cuenta
que tras una grabación empujó a una anciana por la ventana de un segundo piso
convencido de que estaba poseída por Satán, o que tras una actuación en directo
obligó a su padre (piloto de combate en la Segunda Guerra Mundial) a realizar un
aterrizaje forzoso de la avioneta que los conducía a casa.



Daniel no lleva nada bien la atención que se le presta. Su necesidad de crear y
ser escuchado choca con su incapacidad para sobrellevar la notoriedad. Sus
mánagers y compañías de discos tienen que andar con pies de plomo para preservar
su estado de ánimo: es el eterno dilema de cómo darle a una creación la
repercusión que merece sin perjudicar la salud mental del creador. ?Daniel se ha
pasado la vida pensando en su carrera musical. No puede vivir con la fama, pero
creo que tampoco con el rechazo. Todo acaba alimentando sus problemas mentales,
tanto lo bueno como lo malo... Como continúe respondiendo a la atención que se
le presta de su manera habitual, va a acabar muerto?? afirmó en 1995 Louis Black,
editor del Austin Chronicle
.



Fuera del hospital, son sus padres los que le proporcionan a Daniel la
estabilidad que necesita. Las historias que se cuentan en los últimos años lo
sitúan en el garaje del hogar familiar, en los suburbios de Houston, donde tiene
su dormitorio y su estudio para hacer música, ambos plagados de cómics y discos.
En sus propias palabras, se pasa todo el día ?soñando, fumando cigarrillos y
escribiendo canciones?.



=G

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